Miércoles , julio 30 2014
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Características del vino blanco

Características del vino blanco

Texto: Sommelier Lucy Palacios
Fotos: Fuente

¡Bienvenidos a una nueva aventura dentro del mundo del vino! En nuestro artículo pasado tratamos la elaboración del vino blanco, mientras que, el día de hoy, les compartiremos la explicación, las características, así como algunos ejemplos de vinos blancos.

El vino blanco es un fermentado de uva que puede ser sólo de uvas blancas, denominado blanc de blancs, o provenir de uvas tintas, conocido como blanc de noir.

Las características de un vino blanco son:

1.- Color: debe ser un líquido transparente, brillante, de amarillo verdoso pálido a dorado intenso. Lo importante es que debe estar siempre en la gama de los amarillos, ya que si encontramos ligeras tonalidades rosas quiere decir que el líquido hizo contacto con el hollejo de las uvas tintas. Lo anterior significa un defecto de elaboración –a menos que ésta sea la característica del vino–, como en el White de Zinfandel de L.A CETTO. Por otro lado, si es un vino joven con color dorado también significa un defecto: oxidación.

El color del vino depende de su edad; entre más joven, más pálido y entre más añejo, encontraremos colores dorados. A los vinos que ya están a la venta se les ha dado un añejamiento previo, por lo que no es muy recomendable guardarlos por mucho tiempo más en nuestra cava. Incluso, se dice que cuando el vino ha salido a la venta está en el punto ideal para consumo.

Es importante leer la etiqueta, pues ésta y el precio del vino están relacionados y nos dirá si se trata de un vino joven o de guarda; si lo debemos consumir ya o si podemos reservarlo por ser un vino complejo. El tiempo de guarda aproximado para los crianza es de cuatro años y para los reserva es de ocho. Los gran reserva pueden estar en guarda hasta por quince años a partir de la añada. Cuando los blancos han sido sometidos a guarda en barricas o son vinos Late harvest dan tonos amarillos, dorados.

Los responsables del color del vino son los antocianos, los cuales al oxidarse por la presencia de oxígeno, producen el cambio de color a tonos más intensos. Las varietales utilizadas también juegan un factor en el color; por ejemplo, la Verdejo, la Semillón y algunas Sauvignon Blanc son incoloras o verdosas.

Las tonalidades en los blancos van de un incoloro verdoso a un ámbar.

            Jóvenes: líquido blanco casi incoloro, brillante. Son vinos blancos, jóvenes y sanos, como los alemanes, australianos o los de Napa.

            Crianza: amarillo dorado. Algunos vinos españoles, argentinos, chilenos, mexicanos, portugueses y franceses.

            Gran reserva: amarillo o naranja cobrizo brillante. Como los grandes vinos de España y Francia, así como los Late harvest canadienses.

Un vino blanco con tonos más oscuros que el bronce, llegando al ocre, es un vino mal cuidado, oxidado y con defecto.

2.- Aromas: Los aromas de un vino se obtienen por la fruta. Los característicos de la uva, que generalmente encontramos en los jóvenes, dependen de cada varietal, pero son por lo regular aromas cítricos, frutales, como la piña y la guayaba; herbales, como el espárrago, la hoja de limón; florales, como el  jazmín, el azahar, etc. También están presentes los aromas de fermentación, como los de mantequilla, yogur, leche.

En los crianza se percibe madera, ahumados y un poco de piel o cuero. Cuando nuestro vino está dañado, ya sea por la oxidación o por una mala conserva, los olores frutales desaparecen predominando los de fermentación, azufrados y amaderados. El aroma de un vino blanco varía conforme la etapa de la cata, ya que evoluciona según el tiempo que pase expuesto en copa. Siempre estarán presentes las notas frutales, florales, herbales y, si se sometió a crianza, destacarán las de la madera.

3.- Acidez: Lo característico de un vino blanco es la acidez, la cual nos hará salivar aún cuando sean dulces. La acidez es lo que se califica en un vino blanco, si ésta se pierde significa que ya no hay equilibrio y probablemente sea un vino dañado. Es por esto, por su frescor, que los blancos se nos antojan más en calor y se sirven a temperaturas bajas: de 6 a 12 °C.

4.- Cuerpo: generalmente los vinos blancos jóvenes son ligeros, fáciles de tragar y va aumentando su densidad de acuerdo a su edad y características de elaboración, contenido alcohólico y de azúcar. Por eso, los vinos Late harvest y los de guarda son vinos oleosos y densos, mientras que los jóvenes son muy ligeros, casi como agua.

5.- Maridaje: ¿con qué alimento podemos acompañar un vino blanco? Para esta pregunta hay una respuesta común: con mariscos, moluscos, ensaladas y pescados. Pero no es del todo cierta. Como lo hemos aprendido, el vino blanco tiene diferentes clasificaciones: vinos jóvenes, crianza, gran reserva, Late harvest y espumosos. Cada uno de ellos tiene diferente cuerpo, aroma, sabor, por lo que es muy burdo decir que sólo puede acompañarse por los alimentos antes mencionados. Depende de la edad del vino, el tipo de uva, de la crianza y el carácter del vino, así que podemos combinar el blanco con una gran variedad de platillos.

Vinos jóvenes: son generalmente afrutados y herbales, por ello los recomiendo con alimentos ligeros, preferentemente sin aderezos fuertes o a base de grasas como la mayonesa o la crema, ya que el sabor de éste predominará sobre el vino. En cambio, puede ser una ensalada con frutos blancos, tropicales o rojos o con vegetales ligeros como zanahorias y lechugas como la romana, francesa e italiana. El sushi también es una buena opción para maridar vinos blancos jóvenes; así como algunas pastas con salsas ligeras. Para tener una idea más clara, me gustaría que probaran el vino blanco Monopole de CVNE con Tabouleh (ensalada árabe a base de trigo y perejil); es un destello de placer al paladar.

Vinos de crianza o reserva: estos vinos ya tienden a ser más complejos, con los aromas de la crianza presentes. Se pueden combinar con pescados, aves, carnes blancas, arroces, pastas un poco más elaboradas, inclusive con panqués o tartas delicadas en sabor.

Vinos gran reserva: estos vinos se conjugan con alimentos más estructurados y salsas más complejas; quesos madurados, panes de diferentes granos, aves de caza, pescados, pastas con sabores más intensos y carnes blancas. Este tipo de vinos de fuerza y estructura nos da la oportunidad de maridar con preparaciones que tienen mayor contenido de grasas, con base en aceite de olivo o mantequilla. Se trata de vinos que tienen la suficiente potencia para soportar grandes quesos.

Vinos Late harvest: por su dulzor es recomendable tomarlos solos. Son un “postre” por sí mismos, pero no van nada mal con un Manchego de oveja madurado.

Vinos blancos espumosos: en lo particular no es de mi preferencia acompañarlos con platillos. Son vinos tan complejos que necesitan expresarse solos, pero ¡los recomiendo con blueberries!

Estas son, en términos generales, las características que buscamos en un delicioso vino blanco. Debemos saber comprarlos en base a lo que queremos degustar. Hagan la prueba y disfruten de las diferentes gamas de vino blanco, cada uno tiene ejemplares magníficos. ¡Que tengan una excelente experiencia en vino! ¡Salud!

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